Y a continuación…
Publicado por Julian en Sábado, 30 Diciembre 2006
En el verano de 1972 yo tenía trece años… Momento ideal para, según mi profesor de inglés, seguir un programa de “full inmersion” en Irlanda. La verdad es que maldita la gana que tenía yo de ir a Irlanda. A mi me apetecía más pasarme el verano en la playa o en La Solana, que era donde iban todos mis amigos. Pero de repente me ví confinado los meses de julio y agosto en Dublín.
La familia con la que pasé el verano eran fervientes seguidores de Wanderers, uno de los clubes más antiguos de Irlanda, y las salidas por los parques de Dublin siempre acababan con placajes, empujones y jueguecitos con balon. Era muy divertido.
Al volver a La Coruña, resultaba que nadie de mi circulo sabia de que iba aquello. Otros dos alumnos de mi colegio habían ido tambien a Irlanda y habían conocido de primera mano el rugby y a veces hablabamos en los recreos de que estaría bien hacer un equipo y jugar algun partido. Si nos lo habíamos pasado bien con toquecitos, un partido entero debía de ser “lo máximo”… La dura realidad es que absolutamente nadie se interesaba por el rugby, asi que me fui a jugar al baloncesto.
El verano siguiente transcurrió en Penicuik, un pequeño pueblo cerca de Edimburgo. Ya a primeros de agosto hacía frio y llovía. De no ser por el rugby, del que llegué a jugar (esta vez si) dos partidos completos, creo que habría muerto de aburrimiento. La gente hablaba algo parecido al inglés que yo conocía, pero su mania de apenas abrir la boca y de apretar los dientes para hablar hacía que no me fuera facil entenderme con ellos. El caso es que esos dos partidos los jugué de ala (se conoce que no tenían mucha fé en que me llegara el balón). El primer balon que recibí se me cayó (algo lógico por mi falta de manos y porque ya tenía un tipo a menos de un metro). Y los demás también.
Al acabar el encuentro me preguntaba donde estaba la gracia de aquel juego, porque aparte de llevarme todos los golpes que hubo en el campo, el tipo de enfrente se me había ido varias veces y había hecho dos o tres ensayos.
El otro partido fue más o menos igual, así que no me extiendo. No es que fuera muy felicitado, la verdad. No les entendí muy bien lo que decían de mí los otros de mi equipo, pero no creo que fuera nada bueno.